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Philippe Arretz, Director Adjunto del Consejo de
Desarrollo y del Consejo de Electos del País Vasco da
su opinión acerca del estudio del mercado laboral
de la eurociudad Baiona Donostia. El texto que a continuación
acaece es un resumen de una entrevista
realizada por Gaindegia en 2008.
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Director Adjunto del Consejo de Desarrollo y del Consejo de Electos del País Vasco |
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En primer lugar, conviene relativizar el término de “mercado
de trabajo”, que no resulta del todo apropiado.
Sólo se puede hablar de “mercado” en sí cuando existe una
dinámica de oferta y de demanda claramente expresada. Pero
ésa no es la realidad. En la aglomeración de Baiona, por ejemplo,
¿conocemos exactamente la oferta de empleo existente en
dicha zona? ¿Conocemos la demanda real? ¿Conocen los empresarios
la demanda, las expectativas de su clientela (¡sus futuros
empleados!)? En la actualidad, la ANPE (Agencia Nacional para
el Empleo), único espacio en el cual se identifica claramente la
oferta y la demanda, cubre menos de un tercio de dicho “mercado
de trabajo”.
A escala de la Eurociudad – espacio transfronterizo – la realidad
es aún más compleja: además de la existencia de dos mercados
distintos (el de Iparralde y el de Gipuzkoa) – de por sí incompletos
(lo acabamos de mencionar) -, no está claro que se
pueda hablar de “mercado de trabajo transfronterizo”. ¿Conocemos
la demanda (o las expectativas) de los trabajadores respecto
a las posibilidades de trabajar al otro lado de la frontera?
¿Existen suficientes puestos de trabajo ofertados por empresarios
y destinados a trabajadores del otro territorio?
Por supuesto que sí existen algunos empleos relacionados
con la realidad transfronteriza (algún comercial contratado por
alguna empresa de Gipuzkoa para desarrollar su mercado en Iparralde,
o más globalmente en todo el hexágono…). Pero lo que
hay, sobre todo, son “trabajadores transfronterizos”, que han
decido trabajar “a un lado” y vivir “al otro lado”, a menudo por
razones personales, familiares
o económicas:
la crisis de la vivienda
en Hegoalde ha llevado
a numerosos “españoles”
(y utilizo a propósito
dicho término porque
es el que utilizan los habitantes
de la zona francesa)
a invertir masivamente
en el sur de la
Costa Vasca francesa.
Se estima que pueden
representar hasta un 50% de los residentes
del municipio de Hendaia.
Pero, al igual que en el caso del empleo,
no disponemos de herramientas
precisas de conocimiento. Los puntos de
vista en esta materia (como el mío) suelen
basarse en observaciones globales,
incluso en la intuición…
Podríamos no obstante afirmar que, en general, el
“mercado de trabajo” transfronterizo en la Eurociudad está infradesarrollado:
desgraciadamente, aún no resulta nada natural
trabajar “al otro lado”. Sin embargo, podríamos considerar (en
términos de análisis de los tejidos económicos, de las necesidades
en recursos humanos) que ambos mercados son complementarios:
Hegoalde con necesidades industriales/tecnológicas,
Iparralde con necesidades en turismo, construcción… Y sin embargo,
se trata de dos mercados completamente diferentes, tanto
en naturaleza como en tamaño. Por un lado, un mercado de
trabajo en un territorio de dos millones de habitantes (Euskadi),
con una diversidad de sectores económicos y de empleos.
Por otro lado, un mercado de trabajo en un territorio de 290.000
habitantes (Iparralde), con una economía principalmente terciaria
y escasos empleos cualificados, en proporción. Además,
la oferta de formación – universitaria y tecnológica, entre otras
– no es comparable.
Los jóvenes de Iparralde se enfrentan a un dilema: su ambición
profesional puede forzarles a formarse y trabajar en el Estado
Francés, a pesar de su deseo de vivir en su país natal, pero
no tienen en cuenta, hoy en día, las oportunidades potenciales que puede ofrecerles la oferta de formación y el mercado de
trabajo en Euskadi.
Sin contar también los numerosos obstáculos que frenan la
movilidad profesional transfronteriza. En primer lugar, la existencia
de dos sistemas administrativos diferentes, de dos sociedades
distintas. A pesar de las afinidades culturales, ir a vivir
al otro lado supone “cambiar radicalmente” de forma de
vida: diferentes instituciones y modalidades de acceso a la información,
a las ofertas de empleo, a las distintas formaciones,
legalizar su situación administrativa, conseguir cobertura social,
una línea de teléfono… es decir, todo lo necesario para considerarse
un ciudadano de pleno derecho. Sin embargo, si un joven
activo de Iparralde tiene pensado ir a trabajar a Toulouse o
a cualquier otro lugar de Francia, no tiene que modificar sus esquemas
relacionados con la práctica de su vida diaria para poder
insertarse en la vida profesional y social.
Otra dificultad para los trabajadores transfronterizos es, por
supuesto, la cuestión lingüística (saber castellano, euskera… resulta
elemental).
Sin olvidar el importante retraso existente en la Eurociudad
Vasca en cuanto a la organización del transporte público: un obstáculo
más para la movilidad.
Y finalmente, a nivel institucional, no se puede negar que el
diferente nivel de descentralización entre ambos territorios (en
el sur, Hegoalde, una región autónoma que controla el 90% de la
acción pública; en el norte, Iparralde, con competencias muy fraccionadas
entre el Estado Francés y las colectividades territoriales)
constituye asimismo un obstáculo, en términos de posible cooperación
entre instituciones, organismos de formación, etc.
Pero si los activos (los jóvenes en particular) se sienten poco
atraídos por Hegoalde – en lo que respecta a formación y salidas
profesionales – no podemos atribuir todos los problemas existentes
a cuestiones de mercado de trabajo o de organización institucional.
No hay ni dos, ni tres, sino una diversidad de mercados
de trabajo, una diversidad de vivencias de cara al empleo en
su sentido más amplio dentro del conjunto de la vida social.
No conviene restringir el mercado de trabajo al empleo y a
la economía, ya que también está relacionado con las condiciones
de vida, la vivienda, la formación, el entorno, los lazos familiares,
la historia… y aquí, más que en otro lugar, a la dimensión
cultural e identitaria. Existen, al respecto, expectativas reales,
a ambos lados del Bidasoa, de poder vivir y trabajar en un
espacio transfronterizo y, para una parte de la población, de formar
parte de un conjunto euroregional llamado “Euskal Herria”,
o al menos de poder circular más fácilmente, de establecer intercambios
socioeconómicos y culturales. Una expectativa más
claramente expresada entre las jóvenes generaciones que dominan
el euskera. Y cabe resaltar, en este campo, el trabajo llevado
a cabo por algunos organismos, como Hezkuntek, que promociona
la enseñanza técnica y profesional en euskera, facilitando
así la movilidad de los jóvenes hacia Euskadi.
Pero en este ámbito también, nos enfrentamos a dos realidades
y a una “cultura económica” diferente. Los vascos de Iparralde
están marcados por una cultura poco orientada hacia una
economía productiva (fuera de la agricultura). A pesar de la presencia
de algunas industrias (como el sector metalúrgico/
aeronáutico), muy pocos jóvenes de Iparralde eligen una carrera
industrial y no están, por lo tanto, muy “adaptados” al tejido
económico de Hegoalde. Los jóvenes más apegados a su
“país” tienden a decantarse por el sector público, la educación,
el medio asociativo… En Euskadi, la industria ocupa un lugar primordial
y el tejido económico está menos fraccionado: cuenta
con importantes PYMES en todo el territorio. En Iparralde, se
tiene otra visión económica, muy “francesa”: una visión administrativa
y una relación diferente de cara al dinero y al salario.
En Hegoalde, hay industria en prácticamente todos las ciudades
y pueblos; existe un fuerte espíritu emprendedor. La empresa
es la “segunda” casa: marca la vida de los territorios y de las generaciones. El ejemplo del Grupo Mondragón ilustra perfectamente
ese sentimiento: una de las mayores cooperativas del
mundo, en pleno valle rural, que ha sabido aunar espíritu de empresa,
territorio, formación, investigación, globalización…
La economía de Euskadi ha conseguido su propia mutación: mutación
industrial y tecnológica, organización por sectores (los “clusters”),
integración en los mercados mundiales, potentes polos universitarios
y de investigación
y socios económicos…
sin dejar de ser una
“economía identitaria”.
Se trata, por lo tanto,
de dos culturas de
economía y de empresa
diferentes, de distinto
tamaño y empleo, de diferente
integración entre
formación y empleo.
Integraciones que
se hacen patentes en la
vida social: la vida económica
forma parte de
la vida social. En Hegoalde,
los negocios se siguen
haciendo en el bar, porque el espacio público ocupa un lugar
importante. Por el contrario, las viviendas son exiguas y las
personas activas pasan poco tiempo en ellas.
En Iparralde, la cultura está muy marcada por la tradición rural
y (en particular desde el final de la Segunda Guerra Mundial)
por la actividad turística. Las empresas (fuera de la industria aeronáutica,
del sector agroalimentario y de la gran distribución)
suelen ser muy pequeñas y constan en su gran mayoría de un artesano/
comerciante, con algún que otro empleado en algunos
casos. El 90% de dichas unidades tienen menos de 10 asalariados
(el 98% menos de 20). Lo que hace que la relación de cara al trabajo
y al empleo difiera de la lógica más “industrial” (en términos
de modelo económico) que rige en Hegoalde. Además de la
dificultad añadida de pensar, en Iparralde, lo urbano y la integración
de la industria bajo la perspectiva de la protección del
medio ambiente. Las personas activas de Iparralde otorgan mayor
prioridad al espacio privado y son más exigentes en lo que se
refiere a vivienda – herencia cultural en torno al “etxe”.
Vemos, por lo tanto, que existen “culturas económicas” diferentes
y, a fin de cuentas, culturas diferentes… Distintas representaciones
culturales que constituyen verdaderos obstáculos
y frenan la permeabilidad de los mercados de trabajo: la naturaleza
de los sistemas económicos y de formación, las relaciones
formación/empresa, la visión del trabajo y del reconocimiento
social, la relación de cara al espacio público y privado,
los criterios de vivienda, etc.
Por lo que el principal reto es, sin duda, el de la “formación
cultural”.
Y desde ese punto de vista, yo diría que “del lado francés”
(dejaré a otros que analicen esta cuestión “del otro lado”, en
Hegoalde), nos queda por llevar a cabo una pequeña revolución:
además de nuestra visión del trabajo, de la empresa (la importancia
de alcanzar cierta situación social, por ejemplo), del espacio
público y privado, del hábitat… donde tenemos que evolucionar
principalmente es, ante todo, en nuestra “relación con
los demás”. El “espíritu francés” adolece a veces de falta de
apertura hacia otras culturas (haciendo gala de cierto complejo
de superioridad): aprender otros idiomas, interesarse por
otras formas de vida. Lo desconocido nos sigue asustando.
Todos los esfuerzos que se hagan para facilitar las cuestiones
administrativas no conseguirán desbloquear nuestra incapacidad
de ir a vivir “fuera”, porque ese “fuera”, aunque familiar,
es también el de otro Estado…
Es indudable que aún no nos conocemos, no hay suficiente
trato entre habitantes de la Eurociudad. No sabemos mucho del
otro, ni de cómo vive, ni de cómo funciona su mundo empresarial…
No mostramos demasiado interés por el otro. En la época
franquista, los habitantes de Iparralde veían a los “españoles”
como un pueblo subdesarrollado. Las cosas cambiaron radicalmente
en los años 90 y los de Hegoalde tienen ahora sus ojos
puestos en el Norte… ¡de Europa!
La movilidad transfronteriza de estudiantes y trabajadores
no se produce por decreto. Tras la problemática de los “mercados
de trabajo” subyacen innumerables cuestiones sociológicas,
culturales… Todos los esfuerzos que podamos hacer no serán suficientes,
se necesita una auténtica revolución cultural. Para
que haya movilidad profesional a ambos lados del río Bidasoa,
debe producirse, antes, una movilidad cultural.
La formación cultural resulta, por consiguiente, esencial y
empieza por la escuela, los intercambios, los viajes, los cursillos
la formación lingüística…
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Junto con el análisis en el documento Pdf un breve reportaje que sirve de introducción al tema.
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