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Informe Gaindegia 2008: Análisis temático- Iñaki Elorriaga, Sandra Barrenetxea e Iñaki Ruiz de Pinedo

Vivir más años y mejor exige un sistema de Seguridad Social propio para Euskal Herria
Iñaki Elorriaga
Sandra Barrenetxea
Iñaki Ruiz de Pinedo
Vivir más años y mejor exige un sistema de Seguridad Social propio para Euskal Herria

La negación sistemática del conocimiento de la propia realidad de nuestro pueblo en su conjunto, así como la incapacidad de implementar mecanismos que solucionen este déficit se constituye como una clara vulneración del derecho de sus diferentes colectivos a conocer la realidad en la que viven.

Teniendo presente estas limitaciones, podemos realizar una aproximación a la situación del envejecimiento en Euskal Herria y a los sistemas de pensiones.

El número total de pensionistas, en sus diferentes modalidades, en Euskal Herria asciende a 655.746; el 21,65% de la población total recibe algún tipo de prestación económica en concepto de pensión. No hay grandes diferencias entre los territorios respecto al porcentaje que suponen las personas pensionistas respecto al total, ya que todos se sitúan en torno al 20%. La cuantía de la pensión media mensual asciende a 876,24€.

que se hace desde Euskal Herria de un sistema propio de Seguridad Social, desde las corrientes ideológicas antisoberanistas vascas se repite constantemente que “un sistema vasco propio de Seguridad Social y de pensiones es inviable”.

Y se argumenta que el sistema de pensiones en la CAV (en Araba, Bizkaia, y Gipuzkoa) no es viable porque la diferencia entre la recaudación y el gasto presentea un déficit que ronda el 8%.

El gasto se refiere a los pagos en las pensiones, bajas por enfermedad, prestaciones por maternidad/riesgo durante el embarazo y ayudas familiares. No se habla de las partidas con superávits, como son el sistema de desempleo y el Fondo de Garantía Salarial (Fogasa), que también es excedentario.

Tampoco se analiza el modo en que está repercutiendo en el “desajuste” la utilización de gasto de la Seguridad Social en las jubilaciones parciales por contrato relevo para sustituir los actuales empleos por otros con sueldos mucho más bajos. Lo que produce una salida de cotizantes con salarios mayores de los que empiezan a cotizar, todo ello en beneficio de mayores plusvalías privadas.

Según los datos facilitados por INSS, en Hegoalde esta es la relación ingresos y gastos de las pensiones contributivas.

Como puede observarse, la variación de los ingresos entre 2001 y 2007 es de un incremento del 37,68%, mientras que la variación en los gastos es de un 52,41%.

Sin embargo la relación entre gastos e ingresos aún es positiva para Hegoalde. En definitiva, para los últimos seis años, el balance entre los ingresos por cotizaciones que se aportan desde Hegoalde y los gastos por pensiones contributivas de las personas pensionistas de los cuatro territorios vascos resulta positivo, a pesar de que la tendencia marca una progresiva minimización de esta diferencia. Esta tendencia del aumento de los costos es debida al envejecimiento de la población y a la mayor cuantía de las prestaciones cobradas en estos territorios.

Esta tendencia es el argumento básico de quienes defienden la inviabilidad de un sistema propio. Pero también es cierto que esta oposición constante contra la demanda de una Seguridad Social propia para Euskal Herria se ha venido repitiendo en otras fases de nuestra historia. Antes, la conclusión era la misma, pero por razones diferentes. Cuando las cuentas eran claramente positivas, entonces, reivindicar una Seguridad Social propia era tildado de insolidario. Y ahora cuando se reivindica un sistema propio, se lo califica de inviable económicamente.

El diseño de un sistema propio de Seguridad Social debe tener en cuenta los ingresos de períodos anteriores y las diferentes fuentes de ingresos futuras. Pero, especialmente, debe tener en consideración los mecanismos de redistribución de la riqueza. En Euskal Herria hay 303.950 personas pensionistas que viven en situaciones de pobreza grave (94.781 personas) o relativa (209.169 personas). Teniendo en cuenta que el total de personas pensionistas es de 655.746, podemos afirmar que casi la mitad de estas personas viven en situación de pobreza.

Respecto a Iparralde, no es posible cuantificar el total de las personas que sufren esta situación, pero podríamos decir que todas aquellas personas que cobran pensiones no contributivas o el llamado ASPA, así como las mujeres que cobran pensiones contributivas iguales o inferiores a la media (ya que existen grandes diferencias entre hombres y mujeres), viven en situación de pobreza.

Un sistema propio de Seguridad Social tiene que partir de esa situación, y poder funcionar como sistema de redistribución de rentas, con participación de los presupuestos públicos. Diseñar un sistema propio de seguridad social tiene que ayudar a pensar una nueva función redistributiva para un sistema público de los seguros sociales. El actual da una cobertura económica básica muy importante a un gran número de personas, pero no es eficaz repartiendo la riqueza. De hecho, hay un gran porcentaje de personas pensionistas que sufren diferentes niveles de pobreza.

Como ya se ha citado, más de la mitad de las personas pensionistas de Hegoalde viven por debajo del umbral de la pobreza. En este sentido, de nuevo, son las mujeres quienes sufren los mayores niveles de precariedad, ya que tanto las pensiones no contributivas, como las de viudedad, así como las de empleadas de hogar son las más bajas y peor remuneradas. En este importante colectivo de población de Euskal Herria se refleja con toda su crudeza la desigualdad de género; entre las mujeres se viven mayores situaciones de pobreza, soledad y precariedad, tanto de condiciones económicas como en las referidas a la salud, las relaciones sociales y el trabajo. Las mujeres son más pobres, trabajan más, y están más solas y desatendidas.

En toda Euskal Herria las mujeres pensionistas perciben menos ingresos que los hombres. En Hegoalde el perfil del pensionista no contributivo es el de mujer (65%), sin pareja (más de la mitad), de edades comprendidas entre los 70 y los 79 años (52%). Además, el 91% de los titulares de este tipo de pensiones, son mujeres mayores de 85 años. Los importes de estas pensiones rondan los 300 euros. Existe un importante colectivo de mujeres mayores de 70 años que viven solas y que carecen de las condiciones económicas necesarias para proporcionarse una vida digna.

Existe también un grupo creciente llamado “la cuarta edad”, con necesidades específicas. Son personas mayores de 85 años, que muchas veces viven solas, cuyas relaciones sociales son escasas y que encuentran muchas dificultades para desenvolverse tanto en su vivienda como en su entorno. Los ámbitos urbanos se vuelven aún más hostiles y difíciles para estas personas, cuyas viviendas y barrios no están adaptadas a sus problemas de movilidad.

Aunque se está incrementando la oferta pública y privada de servicios sociales para este segmento de la población, aún resulta claramente insuficiente para lograr la cobertura de las necesidades actuales de la demanda potencial. Gran parte de las necesidades presentes se están cubriendo por medio del apoyo informal (familiar fundamentalmente), pero esta dedicación de las familias también tiene unos costes sociales que repercuten, fundamentalmente, sobre las mujeres. La Administración debe tomar la iniciativa en la creación de recursos para satisfacer las necesidades actuales y futuras de las personas mayores, y no mantener su actual política de intervención subsidiaria para cuando la familia no pueda responder o no se disponga de la suficiente solvencia económica.

Detrás de la oposición a que el Pueblo Vasco pueda tener una institución propia de intersolidaridad social, se encuentra la importancia financiera y social que tiene el control del aparato de la Seguridad Social. Es importante desde el punto de vista financiero, pero también lo es desde el punto de vista del control político. Aún hoy una parte importante de la ciudadanía vive estas prestaciones como una dádiva y no como un derecho.

Entre el colectivo de las personas mayores existe una gran reticencia a expresar opiniones políticas o a situarse respecto a posiciones ideológicas. Esto, obviamente, no supone que estas personas no tengan opinión conformada y sus propias ideas políticas, pero por experiencia vital -para la población mayor de Hegoalde la mayor parte de su vida ha transcurrido durante el franquismo- se muestran recelosas y demasiadas no tienen plenamente asumida su condición de ciudadanía de pleno derecho. No debemos olvidar que este colectivo representa casi un 20% de la población de EH y que su comportamiento electoral es determinante, por lo que son objeto (por parte de los partidos que detentan el control de la administración) de una política del palo y zanahoria, en la que se les promete y mima en las declaraciones públicas, al tiempo que se les amenaza con el recorte de las prestaciones que reciben. Así, no es de extrañar que casi el 40% de este colectivo (en Hegoalde) declara no confiar en ninguna administración (ni central ni autonómica). Pero es reseñable que el 62% se muestra favorable a la creación de un sistema de Seguridad Social para los cuatro herrialdes.

La reivindicación de un sistema propio de Seguridad Social se da también en un clima de amenaza de insuficiencia del sistema público y la necesidad de completarlo con los sistemas privados de pensiones. Es significativo, que una supuesta inviabilidad o insostenibilidad del sistema de la Seguridad Social se intente utilizar en una interesada reconversión antisolidaria del sistema de prestaciones y seguros. Se quiere que la solución a la insostenibilidad pase por la inversión - ahorro en los fondos privados de pensiones, ello produce una mayor descapitalización del sistema público de pensiones y refuerza las dinámicas especulativas del sistema financiero con los recursos propios de la clase trabajadora.

Nos encontramos ante la paradoja de que el gran logro social que ha supuesto el prolongamiento de la esperanza de vida y la mejora de las condiciones de vida durante el período de jubilación se plantee ahora como una situación que es insostenible socialmente. Se está construyendo la imagen de que un sistema de Seguridad Social digno es una amenaza para el conjunto de la sociedad; se transmite que es inviable que todas las personas mayores de 65 años puedan gozar de unas pensiones dignas en el futuro y, por ello, tendrán que dotarse de un seguro privado propio; los fondos de pensiones

Esto supone un ataque a uno de los elementos más potentes, desde el punto de vista social, que conlleva el sistema de la Seguridad Social: en el sistema de la Seguridad Social se encuentra implícita la idea de que los riesgos son compartidos socialmente, la incertidumbre ante el futuro se vive como parte de un sistema colectivo de solidaridad que también es intergeneracional. Los seguros privados no sólo descapitalizan el sistema de Seguridad Social económicamente, sino también, y fundamentalmente, en lo ideológico. «La solidaridad colectiva e intergeneracional no vale, no es útil, sálvate por ti mismo», es el mensaje.

El gran logro social de la longevidad se manipula para crear amenaza, dominación ideológica y más dualidad social. Y así, mientras una parte de este colectivo es objeto de deseo por parte de las iniciativas empresariales que los han detectado como un sector potencial de gasto importante, el otro 50% de las personas jubiladas y pensionistas viven en situación de pobreza o en riesgo de la misma.

Junto con el análisis en el documento Pdf un breve reportaje que sirve de introducción al tema.

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